Me das risa, desdichada, que te vas con ese aire de botada
crees estar dejándome pero no sabes la verdad
golpeas la puerta con tu rabia fogosa y me dices nunca más
crees dejar un vacío que no he de poder llenar
Me das risa, condenada, al no quererme llamar
juras haberte llevado tus maletas y con ellas algo más
pretendes que me arrodille ante tus piernas sólo para que vuelvas
lo que no sabes es que es tu ego lo único que te llevas
Me das risa, pretenciosa, al destruir todas nuestra fotos
las partiste por el medio para mostrarme no sé qué
pretendiste quebrarme desde adentro y te hiciste de rogar
pero rogar por tí, mi otrora lucero, por favor, me hacer carcajear
Me das risa, egoísta, al creer dejarme sin ánimo ni moral
me sorprende que desconozcas que lo nuestro fue fugaz
te sentiste importante, imponente, al dejarte vivir en mi casa
parece que no te has dado cuenta, ilusa, no te quise jamás
Me das risa, incrédula, al tus caricias y besos recordar
besos que ahora no me hacen más que quemar, caricias heridas abrir
soltabas una sonrisa finjida para hacerme reír
una sonrisa más hipócrita que la mía que vaticinaba que te ibas a ir
Me das pena, solitaria, al irte así por así
dejaste todo lo que eras sin siquiera mirar atrás
rompiste el vidrio del cuarto al tratar no sé qué de calmar
talvez tu ira fogosa, o tu impotencia sentimental
Me das pena, tormentosa, de mí no te podrás olvidar
tu fuiste la primera en hablar y la última en contestar
pretendes encontrar felicidad en otro lugar
cosa que sólo podrás encontrar acá
Me das pena, dolorosa, al alejar tu amor del mío
nadie más lo podrá entender y valorar
tú decías que lo nuestro ya no daba para más
pero lo cierto es que no había a dónde más trepar
Me das rabia, amorosa, no te puedo ni hablar
ni al escribir este poema te voy a poder olvidar
no sé si quiero olvidarte o no recordarte jamás
pero lo cierto, corazón, es que siempre me amarás